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jueves, 31 de diciembre de 2009

Cómo se viven las fiestas de fin de año en la Antártida




Las fiestas se festejan en todo el mundo inclusive en lugares tan remotos e inhóspitos como el desierto de nieve. 24CON habló con la base Marambio para saber como recibirán el 2010



La vista sólo ve blanco. Lejos de estar encandilada por una potente luz, inevitablemente el blanco es el color que predomina en toda la zona. Kilómetros y kilómetros de blanco, nieve y hielo por donde se mire. La Antártida, el continente congelado donde desde hace más de 100 años Argentina mantiene bases estables, festeja a su manera las fiestas de fin de año.

Navidad y Año Nuevo son los puntos emocionalmente álgidos del año. Con los sentimientos a flor de piel la mayoría de la población mundial intenta reunirse con sus familiares y allegados. Algo difícil estando a más de 900 kilómetros de América, rodeados de hielo y bajo una temperatura constante por debajo de los cero grados (de -3 a -6), aun en pleno verano.


Sin embargo las distintas dotaciones científicas y militares que Argentina posee en el continente blanco festejan como cualquier otra familia. El Suboficial Principal Fabián Barroso explicó a 24CON desde la Base Vicecomodoro Marambio como se viven las fiestas en la Antártida.

Luego de la tonta e ineludible pregunta, “¿hace frio?”, la charla se torna cálida y sentimental, como si no existieran los 3400 kilómetros que separan el Conurbano Bonaerense del desierto blanco. Sin embargo la distancia es relatada. La dotación 41 que en este momento se encuentra en la Antártida arribó en barco a principios de noviembre y estará en el frío continente hasta noviembre de 2010. Todo un año en el que vivirán seis meses de día y seis meses de noche.

“Extrañamos a nuestras familias pero estamos preparados, venir a la Antártida es eso, estar alejado de los afectos, aunque durante el año recibamos visitas que llegan en avión. En esta fecha, como ninguno puede pasar una fiesta con sus familiares, la mejor contención es con nosotros mismos” explicó el militar quien se desempeña como Encargado del área Ayudantía y Jefe de Prensa además de ser Locutor y diplomado en Relaciones Públicas.

“Festejamos la navidad todos juntos, estuvimos hasta las 6 de la mañana, hubo karaoke, canciones, video. Dos días antes llego el avión con encomiendas para nosotros, armamos el arbolito y pudimos comunicarnos con nuestras familias a través de celular o teléfono fijo y chat” explicó Barroso.

Una particularidad de las fiestas, ya sea Noche Buena o Nochevieja (la última noche del año) es que en Marambio y en las otras bases antárticas es completamente de día. El Sol apenas se esconde levemente en algunas horas de lo que consideran noche, pero la luminosidad no se extingue, según relatan los antárticos el reflejo del astro sobre el hielo, la nieve y la bruma hace que los ojos se engañen y se lleguen a ver tres y hasta cuatro soles. Contrario es en los meses de invierno cuando el sol nunca aparece y las temperaturas superan ampliamente los 60 grados bajo cero.

En la Base Marambio se encuentran en este momento poco más de 40 personas. Es la base más tumultuosa de Argentina en la Antártida. Se compone la dotación con 39 miembros de la campaña 41, dos científicos de la Dirección Nacional del Antártico y los miembros de las Águilas, pilotos y mecánicos de los helicópteros Bell 212 y del avión Twin Otter que cumplen tareas de enlace entre las distintas bases y refugios. Cada persona en Marambio tiene un rol determinado para el buen funcionamiento de toda la infraestructura, “trabajamos las 24 horas” aclaró el Suboficial. Este esfuerzo ha logrado que la Base Marambio sea la única en toda la Antártida en contar con la norma ISO 14000 sobre gestión ambiental.

“El paisaje es fascinante, también el día es interminable, pero a la vez es cambiante, estamos al lado del mar de Wedel, mañana vas a ver un témpano y a los minutos es otro, cambian los diseños de témpanos. La base en este momento está con un paisaje de hielo y mucha tierra, y el clima varía mucho; un cielo celeste a los 10 minutos puede estar nublado, un aire fresco a los diez minutos podes no tener viento”. Un inhóspito lugar donde la presencia humana si bien es constante no deja de ser una rareza. Sólo pingüinos, animales marinos y algunas otras aves se atreven a enfrentarse a tan adversas condiciones climáticas.

La Base Marambio desde el aire. Notesé en la parte posteriór un extremo de la pista.
Actualmente los miembros de las Fuerzas Armadas y científicos que se encuentran desplegados en el continente austral pueden recibir visitas de familiares a través de un puente aéreo que realizan los aviones C-130 “Hércules” de la Fuerza Aérea Argentina. Partiendo desde la I Brigada Aérea de El Palomar, en el centro de la zona oeste del Conurbano, en un plazo aproximado de 7 horas se puede estar sobre tierras antárticas, si el clima lo permite. Así durante el año y en contadas oportunidades llegan contingentes de familiares que pueden establecerse en Marambio durante 1 a 3 días según la disponibilidad de camas y las condiciones del entorno que permitan regresar o permanecer al avión. Ayudados además con los medios electrónicos de comunicación la distancia puede ser sobrellevada. Sin embargo no siempre fue así.

El director de la fundación Marambio, Suboficial Mayor (R) Juan Carlos Luján, contó a 24CON como fue pasar las fiestas en la Antártida hace 40 años cuando la conexión con América demoraba 15 días en barco y atravesando tempestades.

“Estábamos aislados, el buque nos dejaba a un kilómetro de la base Matienzo donde estábamos destinados y volvía a buscarnos un año después” comenzó el militar retirado quién fuera uno de los pioneros que a pico y pala construyó hace 40 años la pista de Marambio que permite hoy el aterrizaje de aviones de gran porte.

“Allá se vive una navidad blanca, es una navidad ‘real’, con nieve, comida de invierno y abrigos, con todo lo que estamos acostumbrados a relacionar con las fiestas. En el año 68 en la base Matienzo se organizó el festejo con un Papá Noel con trineo y todo; siempre había alguno de nosotros que se encargaba de lo social, era el que se encargaba de juntar los regalos; arreglaba con la familia y escondía los paquetes, a veces no era más que cigarrillos o una botella de whisky, pero era muy importante” recuerda y continúa “Ese día se bebe alcohol, lo que normalmente no se hace, sidra, champagne. Todo lo que acá toman para festejar, ensalada de frutas, pero secas. En la Antártida  el cocinero va preparado para las distintas fiestas. Hay cámaras frigoríficas, que aunque están frías a veces nos metíamos para estar más calentitos que afuera, porque si tenían 18 grados bajo cero, afuera hacia 40 bajo cero. No se puede hacer asado por cuestiones climáticas pero comíamos lechón, teníamos mayonesa que se preparaba con huevo en polvo, verduras deshidratadas.
Nos disfrazamos y se pasaba un día, una noche linda, muy emotiva. Las emisiones radiales eran más fluidas, salíamos por radioaficionados, los familiares iban a la casa de alguien con radio y podíamos hablar. Ese día había más comunicaciones pero sin intimidad, todos escuchaban todo. Las fiestas enteras se las pasa recordando a sus seres queridos que hace meses que no se los ve y que falta casi un año para volver a verlos” explicó.

Las diferencias marcan la distancia de lo que fue vivir en la Antártida hace 40 años y como es ahora en donde las comunicaciones son más fluidas y el tráfico aéreo permitió la conexión directa. Desde la desolada pampa de hielo de mitad del siglo pasado hasta la actualidad en la que la presencia humana ha permitido que haya “argentinos que no son americanos” según informó Luján, y es que en la base esperanza del Ejército  existe un verdadero poblado, en donde los chicos del lugar tienen clases todos los días. Otro gran cambio radica en al comida, los alimentos ya no son disecados porque son enviados por vía aérea. Aunque los peligros, el esfuerzo y la dificultad no han cambiado a lo largo de las décadas.

Desde la Base Aérea Vicecomodoro Marambio el suboficial Barroso explicó que más allá del sacrificio ser “antártico” es un premio: “El ser antártico es estar lejos de tus afectos, es un sacrificio, pero quién quiere ser antártico ama la Fuerza Aérea. Es la que me brindo la posibilidad ser seleccionado, es un premio a los años de servicio”.

En el interior de Marambio el árbol de navidad está presente con adornos y regalos hasta el 6 de enero. En el salón elegido como su lugar reza pintada e una de las paredes del refugio una frase que según el suboficial antártico resume todo el sentimiento de quienes conocieron el continente blanco: “Cuando llegaste apenas me conocías, cuando te vayas, me llevarás contigo”.



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